La lloronaaaaa

La llorona.

Sucedió en Durango, ciudad colonial al norte de México, en el siglo pasado  la llorona un espectro del que se decía que su aspecto era tan terrible y tan espantoso, que si algún infortunado la viera, la impresión resultaría fatal, también se decía que de repente se escuchaba un alarido aterrador, que cubría toda la noche y la convertía en un ambiente tenebroso, un estallido repentino que poco a poco se alejaba desvaneciéndose en un eco de ultratumba, que erizaba los cabellos y estremecía hasta la médula de quien lo escuchaba, pues no era un sonido humano, ese lamento desgarrante y aterrador, era el grito de … la LLORONAAA.


Ya en esa época apenas obscurecía y quienes cruzaban por ese puente de la acequia grande esquina con calle luna, tapaban con sus manos los oídos y cruzaban a toda prisa, para alejarse lo antes posible temerosos de escuchar ese llanto, pues eran muchos los que habían testificado haber escuchado unos sollozos y al querer investigar, tratando de bajar un poco por la ladera del puente, para ver al interior de la oscuridad de los arcos cuando de repente estallaba el alarido dejándose escuchar el alma en pena, algunos incluso lograron ver una silueta vaporosa y blanca salir de la oscuridad de debajo del puente y subir al cielo estrellado y perderse por el paseo de las alamedas, no pocos se desfallecieron ante tal impresión causada por el espectro de la llorona y su aterrador grito.

La tradición oral afirmaba que ese espectro tuvo su origen siglos atrás durante la época de la colonia, cuando Susana una joven mestiza fue traicionada por Gilberto, un español que juró amarla, pero al ser ella criolla, no podía contraer nupcias con su amado, pero vivió por años en idilio con él. Pensando que si la ley y la iglesia no la reconocían, bastaba que para él, ella fuera la esposa legítima, pero ahora sabía que el contraería nupcias con una española de sangre pura y buena posición social, con la cual tenía una relación formal hacía tiempo, ahora que había descubierto que el amor que Gilberto le profesaba fue una comedia cruel y ella una crédula estúpida enceguecida por años. Enloqueció de celos, de rabia, de dolor y desesperación y en ese estado irracional tomó a sus hijos y los llevó a la acequia grande (ahora Boulevard Dolores del Río) y ahí los sumergió en el agua, esos hijos que llevaban sangre española; pero que no habrían de ser reconocidos por su padre, esos hijos bastardos condenados al abandono, a la burla de todos y a su propia vergüenza, pensando así los sumergió una y otra vez hasta ahogarlos, descargando toda la rabia en ese par de inocentes, sin escuchar sus suplicas, sin conmoverse por su y llanto de miedo y de dolor, sin cordura y sin piedad… cuando hubo terminado su terrible acto, tomó los pequeños cuerpos inmóviles y los llevó a su pecho gritando, desgarradoramente, ese grito aterrador y tan conocido … ¡¡¡Ayyyyy mis hijosssss!!! … , para luego  arrojarse al caudaloso río de la acequia grande,  hundiéndose en las entrañas de la misma, quitándose así la vida, arrepentida por su atroz acto, pero ya era demasiado tarde y su alma no tuvo descanso. Después de su muerte quedó maldita por el crimen cruel que cometió y fue condenada a buscar a sus pequeños hijos por siempre, un espíritu que no tiene paz, ni sosiego, ni perdón, que vaga condenada a sufrir y llorar eternamente, desgarrando desde el más allá, su llanto terrorífico y atronador … ¡¡¡Ayyyyy mis hijosssss!!!,  ¿dóoooonde estááááán mis hijosssss? … ¡¡¡Ayyyyy!!!.

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